Amanece, que no es poco. Veo, observo los minúsculos detalles de los que nadie se percata; siento, hasta el mínimo roce del viento; huelo, hasta los más apetitosos aromas; oigo, a los pájaros por las mañanas y los lobos al anochecer; saboreo, el dulce chocolate, el ácido limón, tristemente, las saladas lágrimas...
Con la cantidad de días que vivimos y únicamente poseemos cinco sentidos para disfrutarlos. No me conformo. Pero, aunque no se le considere sentido, lo que yo más aprecio es la música, que ciertamente, aveces es lo que le da sentido a la vida.
Porque la mejor manera de disfrutar esos cinco sentidos es viviéndolos a través de la música. Mi instrumento, el piano. Veo, dos colores, el blanco y negro, que encierran una misteriosa magia en su interior; siento, las teclas hundiéndose bajo las yemas de mis dedos; huelo, el rastro de la melodía que vuela a mi alrededor; oigo, el hipnótico sonido que emana de él; saboreo, la sensación de poder expresarte sin un sólo movimiento de tu boca.
Espero, confío, sueño, como lo quieras llamar, que en un futuro las personas hablen a través de instrumentos, no solo componiendo canciones, sino a todas horas, en todo momento, hasta que no existan las palabras habladas, hasta que se nos olvide el idioma, hasta que... creemos un nuevo sentido, la música.