Estaba feliz, ¡Iban a ver a los abuelos! Qué sorpresa, llevaba meses deseando verles, no podía esperar más. Al entrar a casa de sus abuelos su sorpresa fue mayor, también estaban sus tíos y primos, todos reunidos. Era como una comida familiar, aunque echó en falta muchos detalles, por ejemplo el calor, él seguía teniendo mucho frío a pesar de ser verano.
Todos le sonreían al pasar, bueno, a él o a su madre, ya que caminaban uno al lado del otro. Estaban en el salón, cogiéndose de la mano unos a otros, qué cariñosos eran, sobre todo sus abuelos que no paraban de abrazarse. Él también quería un abrazo y saltó corriendo a sus brazos a los que les recorrió un escalofrío en el instante en el que los rozó.
"Por fin" pensó, "no soy el único que tiene frío". Salió corriendo del salón a la habitación de los abuelos, ahí siempre encontraba chaquetas calentitas que ponerse. Al entrar en la habitación se asustó. Había un invitado más, pero estaba tumbado. "Tendrá sueño" pensó, y decidió no abrir el armario para no hacer ruido y que continuara durmiendo. Corrió hacia el salón de nuevo. La puerta se abrió como si una corriente de aire la empujara, y el pequeño les avisó del invitado que tenía sueño, para que no hicieran mucho ruido.
Su primo pequeño fue hacia la puerta y el resto de la familia decidió hacer lo mismo. "Qué majo es, mi primo pequeño siempre me hace caso, de mayor será un gran aventurero como yo. Le regalaré mi bici, sí, eso es lo que haré, en cuanto arregle la rueda yo se la daré..." Sin darse cuenta se había quedado atrás, se había entretenido pensando y no se acordaba del misterioso invitado que su primito le iba a presentar. Cuando llegó a la habitación hacía aún más frío, y eso que había acelerado el paso para llegar a la vez que todos. Todos se acercaban a la cama, iban a despertar al invitado. "¿Quién será? ¿Seremos amigos? ¿Podremos ir a montar en bici? El sitio de ayer era muy chulo, aunque no me acuerdo exactamente de como llegar...". Miró al suelo, que tenía gotas parecidas a el agua de la lluvia, que caían de un cielo cubierto de negro, no había color en la habitación. Pero no podía distraerse, y se acercó a la cama a dar la bienvenida al nuevo miembro de la familia. Le levantó la cabeza y...
"Espera, ¿y mi carne de gallina? ¡Por fin se me ha pasado el frío!"
-¿Qué haces mamá? Ya no tengo frío, no me pongas la chaqueta. Pero no me la pongas en la cara, que si no, no...
¿Mamá?