"Hoy es el día. Definitivamente, hoy me atrevo." se decía el joven una y otra vez. Ese asunto le había llevado meses y estaba deseando ponerle un punto final, o como él prefería llamarlo, un "Punto comienzo". Era el día más esperado, marcado con vivos colores en el calendario que colgaba de la pared.
Ya pasada la hora en la que los rayos del sol se colaban por los recovecos de la cortina, el muchacho aguardaba impaciente en su cama, esperando como cada mañana el sonido del despertador en la habitación de al lado. Ese sonido conllevaba una nueva jornada, un nuevo atardecer y anochecer, pero sobretodo, un "Buenos días, pequeño".
Casi sin darse cuenta de que el despertador había comenzado a sonar él seguía inmerso en sus pensamientos. Fue su voz, esa dulce y cálida voz que le daba las fuerzas necesarias para todas las horas restantes del día, la que le hizo reaccionar. Saltó de la cama y le devolvió el saludo con una sonrisa que ocupaba su cara completa.
Llegados a ese punto, su plan debía comenzar antes de que Ella se fuera de casa o tendría que esperar hasta su regreso por la noche. Empezó gritando su nombre, aunque ya era común no obtener respuesta. Prosiguió entonces con el siguiente plan. Cogiendo una hoja, tachó en ella una frase: "Plan A: llamar a Elena.". Tenía que proseguir con el B.
Con mucho cuidado levantó su almohada y cogió lo que se escondía debajo, ese precioso ramo de flores que había dejado su jardín sin colores. Saliendo por la puerta ya ensayaba las palabras para entregárselo. De repente, se paró en seco. "Oh no, otra vez no." Corrió a refugiarse. Ese temblor, ese horrible temblor le hizo caer al suelo, cayendo con él todas las coloridas flores quedando esparcidas por el suelo. "Aún se puede arreglar, las recogeré". Su esperanza desapareció con el primer copo de nieve que cayó en la punta de su nariz. Poco a poco todo se tiñó de blanco, quedando los pétalos inmersos bajo la gruesa capa de nieve que cubría su jardín. "Claro, se me olvidaba que aquí el tiempo puede cambiar de un momento a otro. Maldita sea, qué mala suerte tengo." murmuraba mientras le daba una patada a la nieve a la vez que regresaba a casa. Nada más entrar cogió la hoja y tachó una frase nuevamente, guardándola esta vez en su bolsillo.
"Bueno, allá vamos con el C" pensaba mientras subía las escaleras que le dirigían al tejado. Una vez había llegado arriba, asegurándose de que ya no había nubes por encima de su cabeza, accionó un interruptor. Todo el tejado se iluminó dejando un hueco en el centro, en el cual se encontraba nuestro protagonista. Se podía distinguir la palabra "felicidades" escrita en luces navideñas.
Esto llamó su atención, sí, la atención del gato que a toda prisa se acercaba. "Maldita bola peluda, siempre entrometiéndose. Cómo te odio. ¡Vete de aquí, fuera!" gritaba a la vez que el miedo invadía su cuerpo. Este plan no podía fallar. Por suerte, Elena se dio cuenta y agarró a esa masa de pelos. Intentó resistirse y eso es lo que provocó el verdadero accidente. Al estirarse el animal, evitando así que lo atraparan, sus garras salieron en dirección al tejado.
Gritos. Golpes. Dolor. Caos. Caos es la palabra. Lo único que podía sentir era un cierto calor reconfortante. Claro, se encontraba en las manos de Elena, que con cara de de tristeza le acariciaba la cara. De reojo pudo observar que el suelo estaba cubierto de líquido, mezclado con algo similar a la nieve y trozos de cristal desperdigados. No entendía nada. No había notado que Elena había comenzado a caminar hacia otra habitación distinta. Una puerta se abrió a sus espaldas, un terrible olor llegó a su nariz y todo se volvió negro.
Elena regresó a su habitación ya que la llamaban por teléfono. Mientras, con mucho esfuerzo él intentaba sacar el papel de su bolsillo. A lo lejos podía oír la conversación. ¡Ya está! Había conseguido desenvolver el papel y tachar el fallido plan C. Comenzó a leer qué es lo que debía que hacer a continuación, aún le quedaba una alternativa. No pudo evitar prestar atención a la voz de Elena...
"...Sí mamá, el gato ha roto el recuerdo que trajimos de Francia, he tenido que tirarlo. ¿Crees que podrías traerme otro?"
Plan D: Decirla lo muchísimo que la quieres.