La que observa las gotas los días de lluvia tras una ventana y deja pasar tras una puerta los días de sol. La que se consuela con un par de carcajadas cuando juega con sus muñecas. La que se entretiene escribiendo escenas que nunca pasarán, continuaciones de las que ojalá nunca hubieran ocurrido. La que sale con sus botas de lluvia cuando no necesita paraguas y guarda el corazón bajo el felpudo. La que se pregunta por qué de bienvenida cuando lo que está haciendo es irse. La que lee las últimas palabras de los libros antes de comenzarlos. La que borra corazones de la pared y los dibuja en su piel. La que sueña con un viaje a la Luna con los pies en la Tierra. La que consigue únicamente conciliar el sueño escuchando cuentos.
Esa noche, esa fatídica noche nadie se acordó de contarla un cuento. Ella no se acordó de que tenía que dormir. Él no se acordó de que tenía que despertarla.
Y el príncipe nunca salió del cuento.
Y ella nunca salió de su olvido.