Mis manos huelen a tí. Las caricias que te daba mientras me dormía en tu boca, ahora pasan factura. La forma de nuestros cuerpos deja marca en el césped y no ceso de pasar por encima proporcionando una " lluvia " salada. Acostumbrada a que me llames cielo, puedo decir que esa lluvia proviene de mis propias nubes, esas nubes que te miran constantemente cuando estás aquí y a que por tanto el Sol las alumbre.
Cada vez que te vas, cada vez que se pone el Sol, se vuelven de color rosado, prácticamente rojo y descargan toda su lluvia por cada esquina en la que te di un beso.
Es como estar encerrada en una caja de desesperación, sin salida, simplemente un hueco por el que entra el viento y revuelve mi pelo, que también lleva tu olor y cuando rebota en las paredes de cristal de esta caja y lo huelo, hace que descargue más lluvia que nunca.
Voy a terminar ahogándome en esta caja de desesperación. Con un poco de suerte puede que de tanto arañar paredes consiga romperla, aunque me quede tirada en el suelo...Esperaré tumbada en mi trocito de césped, exactamente con la misma postura marcada. Te esperaré en nuestro trocito de césped.
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