sábado, 11 de junio de 2011

Venga, chiquilla.

No quiero ver una sola lágrima en tus ojos. No quiero ver caras largas. Que nadie te haga sentir insignificante, vales más de lo que ellos te dicen. No quiero verte así, me duele, más que a nadie. Olvídate. Él se fue de tu vida, lo malo esque tú también te estás yendo. No puede ser, vive tu vida, no te cuelgues de la suya. A él se le ha olvidado quién eras, no le importas, asúmelo. Quédate tú con quién eras. No quiero esas comisuras de la boca inclinadas hacia abajo. No quiero las cejas caidas. Quiero la alegría de niña que tenías antes, quiero ver en tus ojos las tardes correteando por el campo sin preocupaciones. Quiero verme en el reflejo de tus ojos, sin estar entre lágrimas. Quiero que cuando te pintes los labios no dibujes un corazón roto en el espejo, que dibujes una gran cara sonriente y que coincida con la tuya.  No quiero vendas, cadenas ni ataduras que te impidan saltar. No tienes límites, quiero que saltes sin preocuparte de darte con el techo, el tope que tú misma has puesto. Salta sin miedo y con los brazos bien estirados. Lucha por tus días, tus mañanas y por la gente que realmente vale. Lucha por tí.
Y ahora, échate agua y plántale cara a tu día.
Todas las mañanas la misma discusión con el espejo y con quien veo reflejada... Hasta que aprenda a hacerme caso a mí misma.

jueves, 2 de junio de 2011

Me apeteció escribir.

Hoy es uno de esos días en los que me planteo cómo estoy viviendo mi vida y cómo me gustaría hacerlo de verdad. Sí, es fácil recurrir a decir "Carpe Diem" y tirar el libro por la ventana acto seguido, pero ¿después? Puede que ese día haga caso y esté de locura en locura queriendo perder la cabeza, pero ¿Acaso lo mantengo todos los días de mi vida? Yo creo que no. En cuanto me da un bajón se me olvida lo que he dicho el día anterior. Odio tener que decir "Ya lo haré" cuando realmente tengo ganas de hacer algo. ¿Y si me atropella un coche y pierdo la oportunidad de repetirlo? En ese momento, es cuando piensas que tu boca ha hablado antes que tu cerebro. En mi opinión, esto me pasa demasiadas veces.
La verdad, no me da miedo perder el cuello; simplemente une la cabeza con el cuerpo y yo siempre quiero perder la cabeza. Lo que me da miedo es perder esa conexión con ideas aún por hacer e inventos que probar, porque si no lo hago viva dógame usted cuando lo voy a hacer. ¿En el cielo? Siento mucho no creer que un ser mágico creó la Tierra e hizo a los humanos como se hacen galletitas en el horno.
Y ahora, después de esto me estoy preguntando quién soy. Alguna vez os habéis hecho a vosotros mismos la pregunta ¿Quién soy? Y os habéis logrado contestar a vosotros mismos con exactitud? Yo no. Y creo que no pararé de escribir hasta que lo haga.
Nunca pararé de escribir ya que nunca pararé de cambiar. Esa es la única cosa constante que hago desde que nací aparte de respirar.