sábado, 11 de junio de 2011

Venga, chiquilla.

No quiero ver una sola lágrima en tus ojos. No quiero ver caras largas. Que nadie te haga sentir insignificante, vales más de lo que ellos te dicen. No quiero verte así, me duele, más que a nadie. Olvídate. Él se fue de tu vida, lo malo esque tú también te estás yendo. No puede ser, vive tu vida, no te cuelgues de la suya. A él se le ha olvidado quién eras, no le importas, asúmelo. Quédate tú con quién eras. No quiero esas comisuras de la boca inclinadas hacia abajo. No quiero las cejas caidas. Quiero la alegría de niña que tenías antes, quiero ver en tus ojos las tardes correteando por el campo sin preocupaciones. Quiero verme en el reflejo de tus ojos, sin estar entre lágrimas. Quiero que cuando te pintes los labios no dibujes un corazón roto en el espejo, que dibujes una gran cara sonriente y que coincida con la tuya.  No quiero vendas, cadenas ni ataduras que te impidan saltar. No tienes límites, quiero que saltes sin preocuparte de darte con el techo, el tope que tú misma has puesto. Salta sin miedo y con los brazos bien estirados. Lucha por tus días, tus mañanas y por la gente que realmente vale. Lucha por tí.
Y ahora, échate agua y plántale cara a tu día.
Todas las mañanas la misma discusión con el espejo y con quien veo reflejada... Hasta que aprenda a hacerme caso a mí misma.

No hay comentarios:

Publicar un comentario