Días pesados, interminables, insufribles. Nada te sale bien, ni tampoco mal, simplemente no sale como tú quieres. Terminas cansado de prácticamente todo, ya sea andar o incluso hablar. Añoras la cama en todo momento el silencio y la oscuridad que no consigues encontrar en otra parte que no sea tu cuarto; Quieres echarte a dormir ya y que pase todo como un día cualquiera.
Pero no, todo te pesa: los brazos, las piernas, los pies, los labios... Todo menos los párpados que por más que lo intentas no quieren cerrarse, esa noche deciden que no pesan nada de nada y hacen de ese día algo más largo de lo que tendría que ser.
Gracias a esos días las ojeras empiezan a ser mis mejores compañeras, los malos días empiezan a reflejarse también fuera, no solo en tu interior.
¿Por qué costará tan poco tener ojeras?
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