Érase una vez una chiquilla de ojos saltones que habitaba en una pequeña casa alejada de la ciudad y de todo lo que ésta conllevaba. La chiquilla vivía sola con su gatito y sus escritos. Sus diarios eran lo más importante para ella desde el día en el que cometió el peor error que pudo cometer. Ahora tenia 18 años, pero aún reproducía una y otra vez el momento en el que su corazón comenzó a latir más lento en ese fatídico día nublado de febrero.
Cada noche le contaba una y otra vez la historia a su gatito, Mistles, que con gran atención y arqueando las orejas de vez en cuando escuchaba sin perder un solo segundo de la explicación. No siempre le contaba la historia entera, no, volvía a empezar desde el principio todas las noches pero cada vez añadía un poco más, quería agotar sus días contando lo que más le había dado vida nunca.
En aquellas vacaciones sus padres habían decidido partir sin ella, así que no tenía por qué acostarse, es más, le gustaba bastante poco dormir y aunque no hubiera ruido de coches y motores, ella ponía en su cabeza el ruido necesario para no caer rendida en la cama.
Pero una noche, tras haber contado sus historias hasta que el gatito hubo cerrado los ojos, ni el más profundo de los silencios conseguía que sus párpados le pesaran más que lo que pesa una pluma en el viento. No dejaba de dar vueltas en la cama, deshaciéndola un poco más por cada movimiento, no entendía por qué y el sudor estaba apareciendo impidiendo su tranquilidad de cualquier forma.
Ya desesperada bajó al piso de abajo deslizándose por la barra metálica que tanto le gustaba usar, se miró en el espejo y se dio cuenta de que lo que recorría su cara no era sudor.
Mientras observaba detenidamente el extraño suceso en su doble del espejo, la veleta que había en el tejado comenzó a girar más fuerte que nunca, parecía que iba a levantar la casa de la fuerza que tenía, pero Tania ( que así se llamaba la muchacha ) estaba absorta palpando con sus dedos ese extraño líquido que descendía por sus mejillas que no se percató del estruendoso ruido. Al hacer esto, se dio cuenta de que su cuerpo estaba empezando a endurecerse, había perdido la movilidad de las piernas y los brazos comenzaban a caer al mismo tiempo que el líquido brotaba de todas las partes de su cuerpo.
Lo último que sus ojos pudieron mirar fue un calendario bastante roto con todos los días tachados con cruces rojas salvo el de esa noche, el aniversario de su gran error. Antes de caer al suelo, oyó el timbre y acto seguido la puerta abriéndose lentamente, dejando pasar un rayo de luz y una silueta conocida. Antes de hacer una nueva cruz en el calendario, poco a poco la silueta se convirtió en una cara conocida, que con asombro observaba a Tania en la colorida alfombra de su salón. El líquido había cesado de brotar y había dejado secuelas en su cuerpo. Palabras con ningún sentido aparente, palabras de sus diarios, palabras que todas las noches se oían bajo la ventana de la chica... Se había convertido en su pasado, se había convertido ella misma en un diario... Inmóvil en el suelo, en los brazos de la persona que había entrado por la puerta segundos atrás que parecía conocer su cara con todo detalle, apareció otro líquido, mucho más común y salado que poco a poco fue borrando las palabras que adornaban su rígido cuerpo. Todas se esparcieron y tiñeron la alfombra con su oscuro color negro... Todas salvo una que quedó escrita en sus labios...Siempre.
Aquí os contaré lo que siento cuando lo siento. Lo he hecho para desahogarme en mis mommentos tanto de felicidad como de tristeza. Poco más me queda decir salvo que, bienvenidos todos !
viernes, 20 de julio de 2012
martes, 10 de julio de 2012
Hoy he cenado piña.
Parecía interminable en el papel, pero en el mundo real se estaban agotando los latidos del corazón por cada paso en el que temblaban las piernas. Aún así se revivía todo cuando los ojos perseguían las palabras escritas, aunque esquivando las que una lágrima tapó, a las cuales se les arrebató el sentimiento que residía en la tinta ya seca de aquel bolígrafo que nunca tuvo importancia especial. Ya sospechaba que el bolígrafo, lápiz, color, rotulador... no era lo que le daba la esencia a aquellas palabras, aunque fueran escritas por los dedos, habría sentido lo mismo si pudiera volver a leerlas como ocurre con la tinta.
Parece que, cuando lees algo que hace tiempo que escribiste, en realidad es un reflejo de tu piel, en la que quedaron escritas y guardadas todas aquellas palabras en algún momento. Es como una partitura, todas y cada una de las palabras crean una melodía propia que, aunque se tache, borre, rompa o queme, nunca puede ser eliminada, porque en el momento que se escribe en tu interior queda constancia de que aquello, por poco o mucho tiempo, estuvo escrito.
La sensación de saber terminar las frases pero sobretodo la sensación de saber continuar el escrito por donde lo dejaste, saber cómo terminarlo o saber revivir el punto final que pusiste, te llevan a pensar que no solo hay palabras que no pueden ser cambiadas, sino muchos sentimientos, escritos en el mejor papel que mi organismo conoce, en el corazón.
Mientras leía lo escrito mi mente creaba más aún, y utilizó varias páginas de mi cuaderno rojo, el mismo cuaderno en el que un día anoté que la piña me daba alergia y en el que quedó constancia que no volvería a tomarla.
Por desgracia arranqué páginas del cuaderno para guardarlas en un sitio más seguro, pero se me perdieron por el camino. Hoy al verlas en tus manos me temblaron los labios, había comido piña y tú supiste lo que iba a pasar cuando me caí en tus brazos.
Aunque yo no culparía a la piña.
Aunque yo no culparía a la piña.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)