lunes, 13 de enero de 2014

Un correr con los pies descalzos, las manos vacías y lleno el corazón.

Un cúmulo de insatisfacciones bombardeado por los lunares de su piel.
Un lago de soledad del que ha sido robado hasta el reflejo de las nubes.
Un acto de valentía recompensado con una tumba.
Un ahora divorciado del después.
Un querer sin haberlo querido. Junto a uno habiéndolo hecho. Ambos mentira.
Un suspiro rompiendo copas de cristal a su paso por mis sábanas.
Un correr con los pies descalzos, las manos vacías y lleno el corazón.
Un "Espérame que llego tarde".
El truco está en no pestañear, en sólo cerrar los ojos para dormir. Pero de poco sirve si no duermes ni acompañado por tu sombra, que al no haber luz decide irse. Irse para volver... A irse, digo.
No te fíes, que son unos desconfiados. No te cuides, que nadie lo va a hacer.
Pero no te vayas, porque nadie te va a hacer volver.
Pero aún así... Me gusta.

domingo, 5 de enero de 2014

Pequeñas dosis de surrealismo.

Las veo, siento, vivo, por cada uno de sus pestañeos.
Las busco, ansío, encuentro, por cada uno de sus pasos.
Las escucho, exploro, disfruto, por cada uno de sus latidos.
Las noto, padezco, recuerdo, por cada respiración.

Y todo esto sin una sola palabra.
Y todo esto resumido siempre en un suspiro.

Parecido a una amistad entre el fuego y el hielo.
Semejante a la fuerza de la Luna sobre el mar.
Equivalente a la distancia entre Venus y Neptuno.
Similar a la complementariedad de dos piezas de puzzle.
Igual al paso de una estrella fugaz sin previo aviso.

Pequeñas dosis de surrealismo en lo más real que conozco, acompañadas del más perfecto sonido existente en un piano afinado en fa sostenido.