Las veo, siento, vivo, por cada uno de sus pestañeos.
Las busco, ansío, encuentro, por cada uno de sus pasos.
Las escucho, exploro, disfruto, por cada uno de sus latidos.
Las noto, padezco, recuerdo, por cada respiración.
Y todo esto sin una sola palabra.
Y todo esto resumido siempre en un suspiro.
Parecido a una amistad entre el fuego y el hielo.
Semejante a la fuerza de la Luna sobre el mar.
Equivalente a la distancia entre Venus y Neptuno.
Similar a la complementariedad de dos piezas de puzzle.
Igual al paso de una estrella fugaz sin previo aviso.
Pequeñas dosis de surrealismo en lo más real que conozco, acompañadas del más perfecto sonido existente en un piano afinado en fa sostenido.
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